Evolución de los trámites: cómo han cambiado las cosas en los últimos 40 años

19 junio 2020

La Administración Pública se ha ido digitalizando -a veces a marchas forzadas, como ha ocurrido con la crisis sanitaria- durante las últimas décadas. Entrevistamos a Carmen Benedicto, funcionaria con 38 años de carrera, que sabe bien cómo han cambiado las cosas desde el siglo pasado.

La transformación digital no es, o no debería ser, una opción de las empresas e instituciones públicas. Debería ser una meta obligada a la que llegar. La vertiginosa velocidad con la que cambia el mundo en estos tiempos que vivimos hace pensar que el que no se digitaliza se queda atrás y, de hecho, momentos históricos como el que estamos viviendo, con una crisis sanitaria que nos ha obligado a teletrabajar en la medida de lo posible, ponen de manifiesto aún más esa necesidad.

Carmen Benedicto, Licenciada en Derecho, lleva 38 años trabajando en la Administración Pública. Cuando empezó las cosas eran muy distintas: “Cuando comencé en la Administración, en el año 1981, trabajábamos con una máquina de escribir de esas antiguas, de las Olivetti”. Esa imagen puede que a algunos lectores no les quede tan lejos en su memoria, puesto que estos aparatos han trascendido algo más en el tiempo, ya sea por nostalgia o por la propia belleza de los mismos.

 

 

Sin embargo, conocer cómo se hacían las ‘fotocopias’ de entonces puede que sea más chocante: “Cogíamos el papel mecanografiado original y, con papel cebolla o papel de calcar, como lo llaméis ahora, hacíamos un calco y lo copiábamos con unos carboncillos -los cuales, por cierto, te dejaban las manos perdidas-”, explica Carmen. Algo así como la Edad de Piedra de las impresoras. El papel de calco, cuenta, se utilizaba “una y otra vez” hasta que ya no podía verse nada a través de él. 

El principal problema de determinados sectores en su proceso de digitalización ha sido históricamente la carencia de conocimientos o de personal capacitado que les permita entender cómo afrontar este cambio. En el caso de Carmen, ella se declara una persona “muy inquieta” que siempre “ha tenido interés” por las “novedades tecnológicas” y por “aprovecharse de la tecnología para desarrollar el trabajo”.

Por eso, cuando a finales de los años 80 sacaron unas máquinas de escribir que tenían memoria, ella se lanzó a pedir una. “Eran muy ventajosas, te dejaban meter hasta cien memorias si no recuerdo mal, de manera que podías evitar escribir algunas frases o párrafos recurrentes”, recuerda, y añade que “aquello era una maravilla, la máquina escribía sola simplemente dándole a una tecla y eso fue un avance tremendo”. 
    
Después, ya en los años 90 empezaron a aparecer ordenadores y buscadores: “Teníamos el Aranzadi, una base de datos del ámbito del Derecho que te permitía acceder a textos legales y jurisprudencia y podías redactar resoluciones apoyándote en mucho texto jurídico”.

 

Como todos los sectores, la Administración Pública ha evolucionado en su relación con la tecnología.

 

Entonces todavía no se trabajaba con herramientas para trabajar de manera conjunta, tan comunes y pensadas tan indispensables ahora. “Cada uno hacía su propio documento, lo imprimía y lo archivaba en papel, no compartías nada ni tenías nada disponible de manera rápida”, afirma Carmen.

“Hemos ganado mucho, en inmediatez, en garantía, en seguridad, en comodidad… yo tengo claro que la tecnología mejora nuestras vidas”, asegura contundente Carmen. Por ejemplo, dice, “antes había que firmar cada documento de manera manuscrita, ahora tenemos la firma electrónica o portafirmas y, aunque solo sea en tiempo, se gana”.

Desde luego, concluye la funcionaria, “sin todas estas herramientas no se habría podido trabajar desde casa durante la crisis”, lo que habría supuesto un parón y habría perjudicado a la propia Administración. Por eso, cree que hay que ir hacia eso. A lo digital.

Adoptar la tecnología para reinventar la forma en que se trabaja en la Administración Pública ha sido un reto para muchos, pero algo a la vez muy necesario si se quiere avanzar. Pero lo que está claro es que para que esta transformación tenga éxito el primer paso es lograr que las personas también ‘se digitalicen’. Puede parecer que a ciertas edades esto es difícil de conseguir, pero el ejemplo de Carmen muestra que la tecnología no siempre tiene por qué ser cosa de las nuevas generaciones.